11 abril, 2018

El desafío de la productividad en Chile


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@pulso

UNA VEZ MÁS, la productividad registró una variación anual negativa. Así, durante 2017 se contrajo 1,2% de acuerdo a cálculos de Clapes UC. Con ello sumó cinco años consecutivos de retrocesos, transformándose en un lastre para la economía chilena. No se debe olvidar que el periodo de mayor crecimiento económico del país fue precisamente cuando más se expandió la productividad, a inicios de los noventa.

Esta es una variable a la que si bien se intentó dar prioridad -incluso hubo un año de la productividad-, en la práctica poco se avanzó.

Por ello, la actual administración debe volver a poner el tema sobre la mesa, y actuar donde atribuciones tiene para hacerlo: en la eficiencia del Estado.

Se requiere un Estado más simple, menos engorroso, con menos trámites, con más tecnología y con servicios de calidad. Todo ello, con el objetivo de generar mayor productividad a nivel agregado, variable que ha restado al país por muchos años.

Se debería avanzar en una agilización de la tramitación medioambiental, dado que con el sistema actual existe un grado muy alto de incertidumbre lo que desalienta la inversión. Asimismo, se requiere un Estado realmente en línea, que las personas o empresas no deban acudir a más de una entidad pública para obtener una serie de papeles o certificados. Todo ello se transforma en mayores costos de transacción para el sector privado. Traslado, tiempo, distintos pagos. Todo ello resta a la hora de lograr ganancias de eficiencia.

Este es un elemento clave para lograr un mayor crecimiento no sólo de corto plazo, sino que también de largo plazo.

En este contexto, el gobierno podría adoptar una serie de medidas que ya se han levantado por parte del sector privado. Destacan las propuestas de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) o la del Centro de Estudios Públicos (CEP).

Una de las cosas probablemente más sobrevaloradas en una empresa es la productividad de los factores productivos.

Tenemos que bajas los costos (arghhhhhhhh)¡¡¡¡¡¡

Tenemos que aumentar la eficiencia (arghhhhhhhh)¡¡¡¡

Tenemos que copar las capacidades (arghhhhhhh)¡¡¡¡

Estas cosas toman importancia cuando el factor principal de una empresa está fallando, que es la generación de ingresos o ventas. Y cuando eso está fallando, básicamente todo el modelo lo está haciendo y no tiene mucho sentido a esa altura el preocuparse de la eficiencia porque vas derecho al abismo de la tontería de los administradores sin talento que abundan y que lo único que saben hacer es decir “hay que bajar los costos”. Y por supuesto confunden costos con gastos.

Lo principal en una empresa es la venta. Y la productividad viene dada por las unidades de recursos inyectadas versus las unidades de recursos obtenidas. Por ende probablemente el segundo factor en importancia casi igual es la compra. Lo que pasa en medio generalmente es un dato de la causa de algo que ya está “cocinado” con los otros dos factores. No por nada los grandes traders establecen que el negocio se realiza al momento de comprar, no de vender. Mucho menos de transformar o producir.

Obviamente si eres un esperpento en la gestión interna de operaciones y finanzas eso puede ser un factor y ser ultra eficiente puede dar un par de puntos de ventaja con respecto a otros competidores. Pero en general, las empresas son competentes técnicamente en lo que hacen y relativamente eficientes en ello. Por eso están en el mercado en primer lugar.

Así es que el principal tema país y estado para mejorar la productividad debería ser vender más y comprar en mejores términos. Y eso se hace vendiendo la marca. En este caso la marca país. Que hecho en Chile signifique que es un producto de alta calidad a un precio competitivo y confiable como cliente y proveedor.

Y esta es una tarea generacional privada y pública. Japón no siempre fue sinónimo de alta calidad y confiabilidad. O Alemania. O Suiza. Y últimamente Corea del Sur.

De hecho, una vez que se posiciona la marca, puedes hacer las cosas en cualquier lugar, como los Audis en México o los Iphones en China. O todas las marcas de ropa famosa, italianas, francesas, españolas o americanas ahora en el sudeste asiático. Imprimir artículo

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