03 abril, 2018

Hombres subieron 9,4 kilos y mujeres 8,5 en promedio en los últimos 40 años


@latercera

Hace 40 años la desnutrición era uno de los grandes problemas de salud del país. Junto con la pobreza, constituía la causa del 50% de las muertes en menores de 15 años. El foco de muchas políticas públicas era, entonces, erradicarla.

Pero en esos años no se pensó que en pocas décadas Chile tendría como preocupación en salud un escenario totalmente opuesto: la obesidad. Entre 1975 y 2014 los hombres aumentaron 9,4 kilos de peso corporal, y las mujeres 8,5 kilos.

Los datos se desprenden de un estudio del grupo de investigación en Factores de Riesgo para Enfermedades No-transmisibles (NCD-RisC) y publicado en la revista científica The Lancet, que analizó las tendencias en el índice de masa corporal (IMC) entre 1975 y 2014 en 200 países del mundo.

En el periodo estudiado, los hombres chilenos pasaron de un IMC de 24,2 a 27,7 kg/m2, y las mujeres de 24,8 a 28,0 kg/m2, lo que se traduce en un aumento de 9,4 kilos y 8,5 kilos respectivamente. En ambos casos se consideró una estatura promedio de 1,63 m.

A nivel mundial, el cambio fue de 21,7 a 24,2 kg/m2 (equivalente a 6,6 kg de peso corporal) en los hombres, y de 22,1 a 24,4 kg/m2 en las mujeres (equivalente a 6,3 kg de peso corporal).

“Chile se posiciona dentro de los 50 primeros países en el mundo en prevalencia de obesidad”, explica a La Tercera la autora del trabajo, Mariachiara Di Cesare, académica de salud pública de la U. de Middlesex (Reino Unido). “En América Latina (excluyendo al área del Caribe) los hombres chilenos son los terceros (después de Argentina y Uruguay) en prevalencia de obesidad, uno de cada cuatro es obeso, mientras que las mujeres chilenas se posicionan en el segundo lugar (después de México) con una de cada tres mujeres adultas obesa”, indica Di Cesare.

Desequilibrio energético

Las razones del aumento del sobrepeso y obesidad en el mundo, tanto en adultos como en niños, dice Di Cesare, se vincula con un cambio en el equilibrio energético. “Se debe a un aumento importante de ingesta calórica, especialmente la ingesta de alimentos densos en energía, y una disminución en la actividad física y aumento en estilos de vidas sedentarios”, explica.

En el caso de Chile, desde el grupo de investigación Epidemiology of Lifestyle and Health Outcomes in Chile (Elhoc, Grupo de Investigación de Epidemiología de los Estilos de Vida y Salud de la Población Chilena), que estudia el tema a nivel nacional, señalan que las causas están en la rápida transición nutricional que desde el año 1970 vivió Chile. La situación nutricional cambió rápidamente desde una alta prevalencia de desnutrición en la década del 70, a una elevada malnutrición por exceso de peso en la actualidad. “Hoy, 74,2% presenta sobrepeso u obesidad, según la última Encuesta Nacional de Salud”, resaltan.

Desde el Elhoc, grupo que reúne investigadores de las universidades de La Frontera, Los Lagos, Católica de Valparaíso, del Bío Bío, Austral de Chile, y es coordinado por la U. de Glasgow (Reino Unido), añaden que la globalización, el capitalismo y la migración facilitaron la exportación e importación de alimentos, “existiendo hoy un superávit que ha favorecido hábitos alimentarios no saludables”.

Eso, junto con otros cambios en el estilo de vida como el sedentarismo, ha favorecido el alza en el IMC en los últimos 40 años.

Fernando Vio, investigador del Instituto de Nutrición y Alimentos (Inta), indica que hasta 1970, encuestas hechas en la década del 60 muestran que cerca de un 35% de los niños tenían algún grado de desnutrición. Políticas de salud y nutrición, “muy bien realizadas desde 1960”, dice, transformaron esa realidad. “La desnutrición desaparece en 1987”, detalla Vio.

Luego de superada la desnutrición, cambios sociales favorecieron un giro hacia el otro extremo. “Entre 1982 y 1986 se produce una severa crisis económica que afectó al país, donde el PIB cayó 12% en 1982, con alta desocupación y el 25% de la población laboral contratada en programas de empleo mínimo como el PEM y el POJH”, dice Vio. En la década del 80 la obesidad era muy baja, “aproximadamente un 7% en niños y menos de un 10% en adultos”, explica Vio.

Panorama que se transforma, añade, al mejorar la situación económica, y se dispara el consumo de alimentos con alto contenido de grasas, azúcar y sal, “para compensar los déficits de alimentación de los 80”.

“En los 90 aparecen los alimentos procesados y las cadenas de comida rápida, que cambian nuestros hábitos ancestrales por lo que se llama la ‘dieta occidental’, caracterizada por completos, papas fritas, pizzas, bebidas gaseosas azucaradas, helados, snacks dulces y salados”, dice el experto del Inta.

Es así como el suministro de energía alimentario se elevó desde 2.630 kcal/día por persona en 1965 a 2.872 en 2003, y entre 1988 y 1997 el consumo aparente de grasas aumentó 50,5%, detalla un estudio de la Escuela de Salud Pública y la Escuela de Nutrición, ambas de la U. de Chile, con datos de la Organización de la ONU para la Alimentación (FAO), las encuestas de presupuestos familiares del INE y la Encuesta de Calidad de Vida y Salud del Ministerio de Salud, entre 1964 y 2003.

¿Se puede revertir? Para lograrlo, dicen desde el Elhoc, es fundamental crear políticas públicas de alto impacto. “Los esfuerzos realizados hasta hoy aún no son suficientes para combatir este problema”, advierten.

Cáncer y diabetes entre las peores consecuencias

Hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares, también se vinculan con la obesidad.

Para ambos sexos, la carga que genera el exceso de peso implica un impacto negativo en la salud, destacan desde el grupo de investigación Epidemiology of Lifestyle and Health Outcomes in Chile (Elhoc)

Todo ello, añaden, se asocia al desarrollo de otras co-morbilidades (dos o más enfermedades en la misma persona) como la diabetes tipo 2, hipertensión arterial, cáncer, enfermedades cardiovasculares, artritis o la apnea del sueño. “De igual manera, la obesidad disminuye la esperanza de vida y genera altos costos sociales y económicos”, dicen.

Hoy, la mayor parte de las enfermedades están relacionadas con una dieta inadecuada, sedentarismo y su consecuencia de sobrepeso y obesidad, sostiene Fernando Vio, académico del Instituto Nacional de Alimentos de la U. de Chile.

En primer lugar, dice Vio, están las enfermedades cardiovasculares (accidente vascular cerebral e infarto al miocardio) que dependen de la dieta y del sedentarismo. En los cánceres, segunda causa de muerte en el país, si se excluyen los de pulmón (asociados con el tabaco), dice, todos los demás dependen en alguna medida de la dieta y sedentarismo, en especial el de colon, estómago, esófago, hígado, vesícula, mama, próstata y cérvico-uterino.

La diabetes también está íntimamente relacionada con la obesidad. “Y su alza también ha sido explosiva. En 2003, cuando se hizo la primera Encuesta Nacional de Salud, en Chile había 700.000 diabéticos, y según la última Encuesta 2016 hay más de 1.600.000. Esto es una inmensa carga de enfermedad para el país, un incremento de las listas de espera, de hospitalizaciones y cirugías que nuestro sistema no es capaz de enfrentar. Además, el costo económico para el país va a ser de tal magnitud, que en pocos años el gasto en salud va a impedir nuestro desarrollo”, dice Vio.

Llegué a una conclusión.

No existe remedio para esto. Al menos no a nivel de la sociedad general. Y de hecho va a empeorar.

No tiene que ver con un tipo de dieta o de alimentos en particular o su calidad. Dieta mediterránea, Keto, palio, Vegana talibana, vegetariana soft…todo orgánico y traído desde los campos de Suiza o de Irlanda.

Existe una razón Luksiciana común pero poderosa.

El capitalismo.

El capitalismo está basado en expansión de bienes y servicios. En este caso, de la cintura de la población vía consumo de más alimentos.

No hay vuelta. A todos los empresarios les interesa vender más. Empresas de producción de alimentos, retailers, restaurantes…A todos.

Y a todos los consumidores nos interesa consumir más por menos precio y mayor calidad. Y los empresarios hacen lo posible por reducir costos y expandir volumen para ofrecer justo eso.

Tendríamos que cambiar o girar hacia el preferir productos de superior calidad para alimentarnos con lo justo y no privilegiar la cantidad que por cierto tampoco es que sea tan mala. Una Papa John´s rellena de queso en los bordes con panes de ajo no es nada mala en calidad de materias primas, pero el bombazo de calorías es bíblico, en comparación a una pizza artesanal margarita en masa piedra. Y la Margarita artesanal cuesta mucho más cara. Casi nadie prefiere la alternativa de mayor calidad marginal más cara.

Y ese giro no va a suceder.

Y como beneficio marginal de esto para la economía, como todos aumentamos la cintura y nos interesa bajarla para la temporada de playa, aumentan las suscripciones a los gimnasios, que aumentan los consumos de suplementos alimenticios (LOL…como si necesitaras más alimentos…). Y que aumentan las consultas a los cardiólogos y kines, y otras muchas especialidades.

A la economía le hace bien que engordemos y enfermemos. Contrario a lo que dicen todos los economistas, actividades completas se mueven y prosperan con esto. La del alimento sin duda. Pero las médicas y fármacos no lo hacen mal. Y las licencias detonan más contrataciones reduciendo el desempleo.

Pero finalmente la semilla de nuestra propia y obesa autodestrucción radica en nosotros mismos. Queremos más por menos y eso es justo lo que nos están dando. Imprimir artículo

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